11,abril
2015

Del sofá a la butaca: Netflix y el cine

Por Addy Góngora Basterra.

No he ido mucho al cine. Aunque para hacerme justicia, debo decir que en los cuatro meses que van de este 2015 he acudido a la oscuridad de la sala muchas más veces que el año anterior.

Me he vuelto, en cambio, consumidora de series desde que tengo cuenta en Netflix. Si comparo las horas que he pasado frente al televisor viendo historias por capítulos sin duda excedería por mucho la cantidad de horas que he pagado en centros comerciales por ver una película. ¿Quién no? Y digámoslo: el dinero sí importa. Lo que he pagado en la taquilla no se compara a la cantidad mensual por las horas y horas que he visto —además de películas— las temporadas disponibles de series tan diversas entre sí como LostLos pilares de la tierraBreaking BadOnce upon a timeScandalDrop Dead Diva, Dr. House, Marco PoloOrange is the new blackLa reina del surGrey´s Anatomy, House of cards Sherlock.

En su momento, he enloquecido por los personajes que habitan estas historias (I´m Sherlocked). Me fascina la destreza de los guionistas que tan feliz me han hecho con sus marañas y vericuetos de amores, relaciones, intrigas y aventuras. Me han hecho, también, llorar como si el que se estuviera muriendo fuera de veras mi amigo, amante o pariente. Me ha sucedido también que cuando concluye la temporada o la serie completa, me siento triste y extraño a los personajes; paso días pensando en ellos y en lo que significarán para las personas de carne y hueso que los interpretan. Las series son ahora el opio de gran parte del pueblo, “último capítulo y me duermo”, decimos varios. “Bueno, uno más”, decimos mirando el reloj, a nuestra pareja, a la almohada.

 

El niño prodigio

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Graham Moore (Guionista), Benedict Cumberbatch (en el papel de Alan Turing), Morten Tyldum (Director), Keira Knightley, Matthew Goode, Allen Leech, actores de la película “The imitation game”.

Comento lo anterior porque el viernes 10 de abril fui al cine a ver “The Imitation Game” que en México bautizaron como “El código enigma”. Salí fascinada y los motivos son varios. Primero, lo bien lograda que está la película; segundo, las maravillosas actuaciones de los involucrados y tercero, el excelente guión que da pie a todo lo anterior. Que no se olvide que para que un peliculón exista tiene que haber un buen guionista. Y el autor de éste se llama Graham Moore, estadounidense nacido en 1981. Es decir, que aunque yo nací un año después, por ahora andamos del mismo pelo… lo cual me resulta fascinante e inspirador. ¡Wow! Como cantara Julio Iglesias “Treinta y tres años, como usted, quien lo diría”. Me tengo que poner a teclear. El lunes renuncio a mi trabajo de oficina. SOS: Mujer Soltera Busca Beca.

Llena de curiosidad sobre Moore, busqué más información sobre lo que ha escrito. Así leí que en el 2010 su novela “The Sherlockian” fue un batazo en ventas y lectores. ¿Será casualidad que quien protagoniza el papel de Alan Turing — matemático en torno al cual gira la película “El código enigma”— sea el actor británico Benedict Cumberbatch (1976), quien protagoniza el papel del inolvidable detective Holmes en la serie de la BBC “Sherlock”? La primera temporada de ésta se estrenó durante el mes de julio del mismo año en el que Moore publicó su libro.

La trama de la película —que le dio un Óscar a Moore— es por sí misma interesante: un genio amante de acertijos que descifra lo imposible. Pero como en toda gran historia, está el amor. Siempre el amor. Pero un amor difícil, como lo es amar a alguien del mismo sexo en esta sociedad ¿civilizada? y en estos siglos tan llenos de hipocresía; se tolera la violencia pero no expresiones de amor entre dos cuerpos iguales. Que irónica es la vida cuando se trata de ciertos amores irénicos, aquellos que dan paz, alivio y armonía, amores que concilian y hacen mejor la vida. Pienso en Alan Turing, en lo mucho que habría logrado si no hubiera sido condenado tras ser expuesto por otros como homosexual, obligándolo a llevar a cabo una “Terapia Hormonal”. Tenía 41 años cuando murió. Unos dicen que se suicidó, otros dicen que fue un descuido, otros dicen que fue asesinato. Llevaba dos años con el medicamento que lo indujo a la obligada “castración química” cuando mordió una manzana contaminada con cianuro que cerró su vida. Era el año de 1954.

 

Polos opuestos se atraen

Flores raras

Escena de la película “Flores raras”, llamada en México “Tocando la luna”.

Trece años más tarde, en Nueva York y con el corazón pulverizado por desamor, se suicidaría Lota de Macedo Soares, la arquitecta brasileña que le dio a Rio de Janeiro el Parque do Flamengo. Quince años antes se había enamorado de una golondrina norteamericana que llegó en crucero a pasar unos días a Brasil… quedándose tres lustros: la poeta norteamericana Elizabeth Bishop. La película “Flores raras” (la vi el lunes pasado por la noche) que en cartelera encontramos por estos días bajo el nombre “Tocando la luna” relata el amor, el vínculo, la poesía y la arquitectura entre ambas mujeres —magníficas, productivas y brillantes desde sus trincheras— que desafiaron la época rompiendo cánones de género. Es una cinta entrañable, bella, triste, cierta, con hermosa fotografía, diálogos en inglés y portugués, locaciones en lugares que se antojan. El desempeño de la actriz brasileña Glória Pirés en el papel de Lota es, simplemente, exquisito… como lo es también la Banda Sonora. Miranda Otto, en el papel de la Bishop, no se queda atrás.

Estas dos películas, además de Birdman (a principios de marzo) y Lucy (el año pasado) —no recuerdo cuál vi antes de ésta— son las últimas que he visto en el cine. Y debo decir que he disfrutando tanto “El código enigma” como “Tocando la luna” como hacía tiempo no disfrutaba el silencio del cine en las butacas, incluso por encima —y por mucho— de “Birdman”.

 

Asignaturas pendientes

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El astrofísico Stephen Hawking con el actor británico Eddie Redmayne, ganador del Óscar por su actuación en “The Theory of Everything”.

Por no haber estado pendiente de la cartelera no sé si ya se exhibió —supongo que sí— “La teoría del todo”. Stephen Hawkins es una de las mentes más fascinantes que habitan este planeta. Me gustan los programas que he visto y lo poco —de lo mucho que hay— que he leído sobre su vida, ideas y teorías. Hawkins es un milagro… ¿pero qué cosa del universo no lo es? Además, me atrae de la película el actor Eddie Redmayne (1982), cuyo papel en la miniserie “Los pilares de la tierra” como Jack Jackson disfruté enormemente. Qué se le va a hacer: uno se encariña con los rostros que acompañan los desvelos.

Y la que no me quiero perder por nada del mundo —¿o ya me la habré perdido?— es… Mr. Turner. ¡Ah! Benditas sean las acuarelas de Joseph Mallord William Turner, uno de mis pintores predilectos del romanticismo.

Por cierto… acabo de acordarme que ayer en la taquilla me dieron dos promociones para ir al cine de lunes a jueves con precio especial. Ojalá haya algo bueno en cartelera. Y si no, si alguien los quiere para ver alguna de las películas que he mencionado, con mucho gusto se los haré llegar.

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