17,marzo
2015

La moraleja del Cupcake

Por Addy Góngora Basterra.

Salgo de trabajar. Voy a casa de mis papás. Me siento a la mesa muerta de hambre… Chomp chomp. Termino. Abro el refri. Veo dos cupcakes. —Mmm ¡Postre!— pienso. Agarro uno. Subo al cuarto a saludar a mi mamá. Le doy un beso. Me siento en el sofá. —¿Y esto?— le pregunto. —Me los mandó tu tía Amanda, son el recuerdito de los XV de Hania— me cuenta. —Ah— saco el postre de su paquetito y le vuelo el copete con los dientes…

… Segundos después…

—Mamáaaaaaaa— me paro como electrocutada, corro a buscar un kleenex, escupo, —qué sabor más raro, creo que eso no se come—… Voy al lavabo. Me enjuago la boca con agua, siento raro, tomo un poquito de agua, más raro. Rumbo a las escaleras suplico —Mamá pregúntale a mi tía Amanda de qué es— bajo corriendo a la cocina, glúglúglú medio litro de leche, siento quemado el paladar. Vuelvo a subir. —Siento quemado el paladar— le digo. Tomo el celular y le escribo a mi familia: “Creo que no voy a cumplir años, me comí una cosa que estaba en el refri y quién sabe qué era. Ya me tomé leche. Pero esa cosa me quemó el paladar y siento un sabor horrible. Espero no morirme”. Volteo y miro a mi mamá. Está seriecita.— Es jabón— me dice —Ya, me respondió tu tía—.

Tomo su teléfono y leo:

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No le dura más la seriedad. Rompe en carcajadas. En ese momento llama mi hermana Lichi por teléfono —qué te pasa, que es eso que pusiste en el grupo por whatsapp. —Comí jabón —le digo. Sentada en su escritorio de oficina se desbarata y llora de risa. Cuelga. Llama mi papá —¿Qué te pasó, estás bien? —sí, aquí en la cama con mamá, que no me quiero petatear sola en un semáforo, es que resulta que lo que me comí era un jabón. Le explico y le da un ataque de risa con tos. —Espero no morirme —le digo. Entra al cuarto Tere, mi otra hermana. —¿Cómo que comiste jabón?—. Mientras tanto, Nina Abraham por whatsapp acompaña el acontecimiento y con su característico humor me escribe: «Mientras estas acostada, pinta tu boca, agarra una flor entre tus manos y pega bien tus piesitos… La hora puede llegar pronto!!!» (y caritas llorando de risa). 

Y es que, aunque tengo imaginación… ¡cómo adivinar que ese cupcake tan fresquecito adentro del refri no era de verdad! Con eso de que mi primo Wally —hermano de la quinceañera — se acaba de casar con una japonesa, no me extrañó el olor, pensé que podría ser un sabor exótico de Japón.

¿Moraleja?

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