05,enero
2009

Fragmento tanguero

Por Addy Góngora Basterra.
Fragmento de la obra de teatro-tango «El miedo enorme de morir lejos de ti».
 

Mujer 

Somos el castigo de los dioses por pensar que lo nuestro sería eterno. ¿Por qué tendría que serlo? Si no dura la risa, ni el llanto, ni los días, ni las noches, ni mi canto. Ni el mar, que es lo más antiguo. Segundo a segundo se renueva, se rompe en sí mismo, se fragmenta, se vuelve a levantar.

Somos el castigo de los dioses. Hemos descubierto la carencia. Reniego a un ser superior porque nos prometió el amor y nos lo quitó todo. No es eterno el goce, ni el dolor, ni la dicha. 

Podía explicar la realidad a partir de vos, aún cuando fuiste agua, fuiste música, fuiste magia. Por vos creí en lo eterno. Habrá sido por mi edad, tan llena de promesas. Con vos estuvo siempre todo en su lugar. Estaba el árbol, las flores, las semillas. La sombra, el trigo, las espinas. Estaba la casa, las ventanas, la comida.

Pero somos un castigo. Un juego de azar con el que otros se divierten. Unen, cosen, separan, desbaratan. Nos han utilizado desde siempre. Con nosotros, ellos hacen la eternidad.

Fuimos capricho de los dioses cuando tan sólo queríamos amar.  

Hombre 

Cuántas veces quise llamarte y decir: Mi amor, está lloviendo. Pienso en vos, ¿por qué no venís? Y no me atreví a escribirte, ni a llamarte ni a decirte: Cómo me hacés falta en esta tarde, en este día, en esta lluvia que cae en la ciudad donde vos no estás. Llovía, mi amor, y me daba por imaginar que jugábamos a perseguirnos, a que te mojaba y vos me mojabas, a que yo era ciego y vos mi guía, a que de pronto no tenías brazos y yo, que soy de manos videntes, te descubría, te improvisaba, te desvestía. Te besé tantas veces bajo la lluvia. Jamás te enfermaste. Jamás tuviste frío. Bastaban mis manos para crearte cobijo. Mi cuerpo tu refugio. Encontraste en mí tu nido. Cuántas veces deseé romper la distancia para hacer del mapa una cicatriz.

Y ahora, ya no llueve. Vení, volvé a enamorarte, crece en mi deseo, en mis manos, en mi voz. En lo que te digo, en lo que me callo. Aprenderemos a reinventar el amor, a hacerlo, a dárnoslo. Y a no agotarlo. 

Mujer

Decíme qué es éste imán que vuelve a unirnos. Después de tantos años vuelvo a encontrarte y siento que no podré volver a separarme de vos. 

Hombre

Amor mío, no quiero volver a cometer el mismo error. Te perdí una vez, te di años de ausencia. Ahora sólo quiero darte la certeza de vivir el amor. 

Mujer

¡Ah! qué es esta hoguera que me empieza en los pies y me llega a la cabeza, ¡ah! qué es este sabor a vos que hace perder la mirada entre tus cejas. Pensaba que a esta edad se podía tener todo, menos promesas. 

Hombre

Vengo de lejos. He andado caminos. Yo también pensé que el amor no volvería a mi puerta. Pero encontré tu cara, y en ella los gestos que me hacían temblar cada vez que te acomodabas el cabello, el movimiento de tus rodillas al cruzar la pierna, el tono de tu voz, esa que ha cambiado, pero que igual me sigue conmoviendo si tan sólo dijeras… mi amor.

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