07,febrero
2010

Domingo

Addy Góngora Basterra.
 

Algo de bendito o redentor debe perfumar el silencio de los domingos.

La ciudad parece casi inmóvil, como si nada sucediera, hasta que el ruido de una motocicleta irrumpe la quietud como quien da un manotazo en el agua llenando la superficie de círculos y mareos que siempre saben cómo volver a equilibrarse…

Tienen silencio diferente estos domingos, un silencio que no sé a qué se parece pero conmueve y despliega su nostalgia.

Este domingo se parecerá…

¿

… al silencio de respirar bajo el mar con los ojos cerrados y rodeada de eternidad, de peces y profundidad…

… al silencio que queda después de una fiesta cuando todos se han ido y sólo queda el rumor de todas las cosas fuera de lugar, botellas vacías, colillas que fueron humo y de las que sólo cenizas hallarás…

… al silencio de mis hermanas durmiendo hasta tarde y plácidamente cerca de mí en las camas que tenemos desde niñas…

… al silencio que trae de lejos un repiqueteo de campanas anunciando convocatoria de iglesias, comuniones, confesiones y bendición dominical…

… al silencio del abrazo después de la contienda, interrumpiendo la película de la que nunca supimos el final…

?

¿A qué sabe este silencio de domingo que me desboca y me distrae, haciéndome dejar de hacer lo que estaba haciendo para sentarme a escribir sobre él como quien al piano se sentara a leer una partitura para hacerla sonar?

¿A qué sabe este silencio? No sé… no sé… pero algo de bendito o redentor debe perfumar éste silencio de séptimo día, de febrero y bien merecido.

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