Llegó marzo. Lo que quiere decir que en cualquier momento llegarán los gitanos a Macondo, y entre ellos llegará Melquíades para enloquecer con sus hallazgos a José Arcadio Buendía, para infarto de Úrsula Iguarán, que no cantó ni un día de su vida.

Llegó marzo y el coronel Aureliano recordará la tarde cuando su padre lo llevó a conocer aquella rareza gélida dentro de un cofre de pirata, ante el que murmuró: «Es el diamante más grande del mundo»… pero no, no era, «es hielo», le dijo el gitano.

Llegó marzo y, aunque sea sólo por hoy, si tienes «Cien años de soledad» hojea el principio, o reléelo, o léelo completo otra vez, o por primera vez. Y tal vez te enamores de la novela, quieras un poquito más al español y veas con otros ojos la joya de agua con vocación de charco que luce junto a la portada.

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  • Al nacer, me nombraron Addy. A los 25 años nombré «Letranías» lo que me nace en palabras al percibir la vida como una experiencia poética. Aquí escribo lo que me inunda de solaz el pensamiento tras el encanto de un encuentro.

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