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A mis cuarenta años voy llegando a John Green —autor de bestseller’s de literatura juvenil— y estoy fascinada.

Todo empezó cuando Cali volvió de Gandhi con «Ciudades de papel» bajo el brazo. El título me gustó. Al cabo de pocos días, le pregunté qué le parecía el libro. Entonces me habló de John Green. Me dijo que, hasta ahora, el título de ese autor que más le gusta es «El teorema Katherine». Que lo leyó por primera vez a los doce años. A saber: Cali cumple veinte en noviembre del 2022. Le pregunté de qué trata. La breve sinopsis que me dio a quemarropa en dos segundos me pareció convincente. «¿Me lo prestas?». En cuestión de minutos Cali me puso uno de sus mayores tesoros en las manos. «Te lo voy a cuidar mucho».

Eso fue el martes en la mañana. Al momento que esto escribo, es sábado al medio día. Lo que quiere decir que entre miércoles y viernes devoré la segunda novela de John Green que la editorial Nube de Tinta publicó en el 2006.

A dieciséis años de publicarse, voy llegando al libro «El teorema Katherine» y estoy fascinada.

Ha sido una caricia encontrar esta historia que el mercado editorial acomoda en su catálogo de «literatura juvenil». Es inteligente, divertida, está escrita con delicia. Los personajes son adorables —quiero que Hassan sea mi amigo— y la actitud del narrador en cuanto a la mente de Colin —el personaje principal— es exquisita. Leerlo es estar en un lugar agradable, hay párrafos para reflexionar, hay otros que hubiera subrayado —si el libro no fuese ajeno—, juegos de palabras para saborear y también guiños literarios, como el que alude a «Los desnudos y los muertos» de Norman Mailer.

Peeeeeeeeeero lo más importante de esta experiencia con John Green, es la siguiente. Es una confesión: me siento abochornada conmigo misma. Tuve, hasta ahora, una idea equivocada de lo que es «literatura juvenil». Este libro, con el que alegremente entro a la bibliografía de su autor (¡quiero leerlo toooodoooooo!), ¡qué bueno que tenga en la mira a gente joven! Me hubiera encantado leer esta historia a la edad de Cali. En cuanto a la generación a la que pertenezco y a las personas que estamos en otros «pisos» de la vida, cuánto bienestar nos traería alternar historias como esta con nuestros hábitos de consumo «normalizados» plagados de violencia, suspenso, ansiedad y todo lo demás… empezando por las noticias y continuando con series a las que a veces dan ganas de poner en «mute» o que nos hacen girar el rostro para no mirar.

En pocas palabras: Lee «El teorema Katherine» de John Green. Serán horas muy bien invertidas.

Así que por eso y más… ¡gracias, Cali!

PS. El fin de semana pasado salimos de viaje en familia. Cali se acompañó de «Ciudades de papel». Mientras leía junto a la ventanilla del avión, Claudia y yo leímos en el Kindle una novela corta —que pronto vendré a comentar— y que nos acompañó el vuelo de ida y el de vuelta. Otro día contaré esa primera experiencia de leer «de a dos» un mismo Kindle.

Llegó marzo. Lo que quiere decir que en cualquier momento llegarán los gitanos a Macondo, y entre ellos llegará Melquíades para enloquecer con sus hallazgos a José Arcadio Buendía, para infarto de Úrsula Iguarán, que no cantó ni un día de su vida.

Llegó marzo y el coronel Aureliano recordará la tarde cuando su padre lo llevó a conocer aquella rareza gélida dentro de un cofre de pirata, ante el que murmuró: «Es el diamante más grande del mundo»… pero no, no era, «es hielo», le dijo el gitano.

Llegó marzo y, aunque sea sólo por hoy, si tienes «Cien años de soledad» hojea el principio, o reléelo, o léelo completo otra vez, o por primera vez. Y tal vez te enamores de la novela, quieras un poquito más al español y veas con otros ojos la joya de agua con vocación de charco que luce junto a la portada.

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