11,junio
2016

Ruy y las cartas de la vida

Por Addy Góngora Basterra · @letranias

El Tarot

Ruy Díaz Dueñas tenía 12 años cuando encontró las barajas españolas que le pertenecían a su abuela. Aún las conserva. Me las muestra. Es la primera vez que veo un tarot. O debo decir, que veo tres tarots, porque tengo frente a mí tres paquetes de baraja con diseño y tamaño distinto. Trato de imaginar a Ruy adolescente mirando la fascinante reliquia de la abuela que ahora es herencia y pasión lo suficientemente poderosa para llevar al nieto a investigar sobre esta enigmática disciplina, reina de las mancias, y que en los últimos meses él ha transmutado en escultura.

Ruy saca unas barajas del paquete contándome la historia de este ¿juego? milenario que se cree tuvo origen en Egipto. Observo atenta y le pregunto por qué considera que el tarot ha perdurado a través de los siglos. Entonces empezamos a hablar del destino. Si algo ha caracterizado a nuestra endeble condición de seres humanos es la incertidumbre por el futuro. Lo interesante es que Ruy es un hombre de cálculo y ciencia, matemático, ingeniero electro-mecánico egresado de la UNAM. Así que le pregunto si cree en lo que las cartas dicen y su respuesta es: no. Para él, la lectura del tarot es más pronóstico que plena adivinación. Me muestra otro de los mazos, un bellísimo diseño del Tarot de Visconti-Sforza, aquella familia poderosísima durante el Renacimiento, mecenas en Milán. Miro las ilustraciones que nada representan para mí y que, sin embargo, están cargadas de elocuencia y significado. Veo después las barajas del Tarot de Marsella, obra de arte rectangular que se despliega en galería sobre la mesa.

 

La Escultura

Todo empezó un día que Ruy le compró plastilina a su hija y se puso a jugar con ella, descubriendo la agilidad de sus manos para darle figura y sentido a esa masa uniforme. El talento nos sorprende cuando menos lo imaginamos, lo lamentable es que pocas veces nos lo tomamos en serio. Pero Ruy sí se lo tomó. Y por lo que me ha compartido de su vida, cuando toma una decisión, la vive totalmente, como dejar la ciudad, su comodidad y a la familia para irse a vivir a Huatusco, Veracruz, en medio del bosque a una cabaña que construyó con sus propias manos. Ver para creer. Me mostró las fotos de la madera que fue su hogar durante tres años. Increíble y admirable. Hay experiencias que nos transforman y esa fue una que le cambió la vida a Ruy, quien ahora vive en una casa ecológica en Mérida.

Tres días después de haberlo visitado, volví a verlo durante la inauguración de la exposición “Espíritu y Visiones” en Amaro Foro Cultural, donde presentó esculturas de los Arcanos Mayores compartiendo espacio con el pintor Enrique Trava y sus obras dedicadas a los Mayas. Ruy ha hecho piezas de resina de poliéster con pátina de bronce en base de piedra, figuras de seres desnudos que simbolizan las barajas de “El loco”; “El mundo” donde vemos a una mujer recostada sobre una mano… ¿la mano del creador?; “La Luna XVIII”, donde otra mujer que cobra vida en la imaginación de Ruy, se refleja en el agua mansa de un espejo; “El Mago”, “El Colgado”, “La Fuerza XVIII”, donde una mujer se mira cara a cara con un león; “El Ermitaño”… todas ellas interpretaciones y metáforas de lo que son para Ruy las cartas, con el plus —para el espectador— de que las esculturas están en base giratoria para poder moverlas y admirarlas desde todos sus ángulos. Se agradece.

 

Tirada de cartas

La mañana que estuve en casa de Ruy, no le pedí que me leyera el tarot. En vez de irme por el “pronóstico”, elegí quedarme con la “curiosidad” de saber cómo me va a ir. Sin embargo, al ver sus obras, pensé en las veces que la vida, como en una tirada de cartas, nos echa posibles destinos. Pensé en los hallazgos aparentemente insignificantes. Si Ruy hubiera seguido de largo ante las cartas españolas de su abuela o si hubiera sido indiferente a jugar plastilina con su hija, ¿qué sería ahora distinto? Sólo él lo sabe. O quizá ni él. Pero aquí está hoy, como escultor, compartiendo su pasión y agradecido con tres mujeres: su abuela, su hija y Blanca Sol Sumohano, que fue quien le dijo: “¿Ruy, por qué no haces esculturas del tarot?” Ya va para su tercera exposición. Quizá más que echar mano de alguna mancia, a veces lo que necesitamos es que alguien nos alborote el gusanito, nos empuje y guíe dándonos palabras en las que creer, palabras conjuro para darle luz e inimaginable camino a nuestro rumbo.

Publicado en el Diario de Yucatán.

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  • Addy Góngora Basterra

    addy@letranias.com

    Mexicana. Malabarista de palabras, garimpeira da beleza, escribo, leo y piscis siento por ciento, canto y cuento.

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