07,junio
2016

La ciudad de los ahogados

Por Addy Góngora Basterra · @letranias

I

 Todos los días, cuando porai de las tres de la tarde ando por la calle y, literalmente, me deslumbra el sol que inunda la ciudad, pienso en el prodigio de su brillo. Mérida es una ciudad poderosamente iluminada. Esto no lo sabemos hasta que nos hace falta. He tenido la oportunidad de vivir en otra ciudad donde el otoño y el invierno están marcados por la naturaleza. Si algo eché de menos fue el fulgor de Mérida y, he decirlo, este calorón que se nos echa al cuerpo de forma tan implacable que hasta parece una falta de respeto. Aquí el sol se desborda. Si esa luminosidad fuera líquida y tangible como son asibles, por estos días, las aguas del Sena que han invadido las calles de París, viviríamos en casas flotantes y en vez de calles tendríamos canales, una Venecia transitada por góndolas solares. Me viene a la memoria un cuento de García Márquez, “La luz es como el agua” publicado en el libro “Doce cuentos peregrinos”. Es la historia de los hermanos Totó y Joel que solapados por sus padres, “rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa”. Si la luminosidad en la que vivimos sumergidos la pudiéramos meter a un costal como a un montón de hojas secas… ¡otro gallo cantaría!… ¿y qué cantaría ese gallo? Mientras lo imagino, alguien lo ha de estar inventando. Los paneles solares son ya un paso.

II

Echo de menos una casa en la que viví. El patio tenía un señor árbol de caimito, un limonero, otro de naranja agria y una familia de cenzontles que cada mañana me obsequiaban lo mejor de su repertorio. La sombra y la armonía con la que esas ramas y esos cantos bañaban mi habitación, están bien instaladas en la nostalgia que siento de aquel año. Esto fue en el dos mil diez y hacía tanto calor como por estas fechas, sólo que no recuerdo haberlo sufrido como ahora. Quizá por el cobijo de los árboles toreando el sol. Recuerdo el espectáculo del follaje proyectando sombras en la pared, dando la ilusión de ser un cuadro en tinta china viviente movido a capricho por el aire. Me hipnotizaban la luz y sombras de las hojas, monedas colgantes trémulas en el reflejo. Gran parte de aquella habitación estaba rodeada por ventanas vestidas con persianas azul plumbago que solían rebanar, en tiras horizontales, la luz de la mañana. Extraño algunas veces ese privado edén cuyo olor a cítrico me despertaba a coro con los cenzontles.

III

Ahora vivo en el tercer piso de un edificio de departamentos. No tengo jardín ni árboles, pero si de vecino un terreno baldío que convoca diferentes especies de aves y a varios toloks mutantes. Además, la calle tiene una telaraña de cables que le encanta al plumaje. Se paran ahí y se la pasan cante y cante. Últimamente he coqueteado con la idea de sembrar cuatro árboles en la explanada del frente para ofrecerles un hogar decente, contribuir al ambiente y de paso darnos a los que aquí vivimos un charco de sombra, porque cada vez que camino al estacionamiento me veo obligada a aguantar la respiración un instante para sumergirme en el vehículo sin ahogarme, tomar el timón-volante y navegar-transitar por calles de luz. En el final del cuento de García Márquez, Totó y Joel con sus compañeros de escuela hacen una fiesta y “habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana”. Así andamos en esta Mérida iluminada, ahogados pero vivitos y coleando, tierra anegada por el sol que brilla para queja o regocijo, dándonos bendiciones como el chile habanero, cenotes y pitahayas, agua de chaya, jarana y el sudor en la frente de alguien que nos ama.

Publicado en el Diario de Yucatán.

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  • Addy Góngora Basterra

    addy@letranias.com

    Mexicana. Malabarista de palabras, garimpeira da beleza, escribo, leo y piscis siento por ciento, canto y cuento.

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